Familias no creyentes o agnósticas
Es el caso más frecuente y el que peor resuelto está en muchos centros. Celebrar una despedida laica bajo un crucifijo genera una incomodidad real, y la alternativa —prescindir de ceremonia— deja a la familia sin el acto de cierre que necesita. Una sala sin simbología permanente resuelve las dos cosas.